Esta es una de las frases demoledoras que podremos leer en la biografía de Bernie Ecclestone, “El hombre que inventó la Formula 1. La historia de Bernie Ecclestone”, de Tom Bower (Editorial Urano). Dicho libro es el resultado de varios años de investigación, donde ha colaborado el propio Ecclestone. Al principio iba a ser autorizada; pero, al saberse que el autor iba a tocar el matrimonio con Slavica y las vejaciones que tuvieron lugar, dejó de serlo. En la obra, tenemos testimonios de algunos de los personajes claves de la F1 como pueden ser Montezemolo, Dennis, Lauda, Todt, Briatore... Una historia donde se explica un mundo lleno de intrigas y la especial visión que tiene el magnate del gran circo. En el libro podemos descubrir las tácticas de negociación que aprendió, cuando era vendedor de coches usados -entre las que tenemos una aparente falta de interés, el secretismo o dejar que sea el otro quien realice la primera oferta-. Como pasó de ser un niño humilde, que se crió en los suburbios de Londres, rodeado de un mundo férreo y austero, a ser el hombre más rico de Gran Bretaña, con una fortuna, en efectivo, de 4000 millones de dolares. Un hombre que nunca ha leído un libro entero, que jamás se queda hasta el final de las carrera, que sólo le gustan las películas de James Bond... Un hombre obsesionado con los negocios y al que no le gustan ni las fiestas ni las celebraciones. Y como pasó de ser el agente comercial de un amigo piloto, en el año 1958 a ser el dueño de la Fórmula 1, negociar con 19 circuitos, 12 equipos, la FIA y un total de 120 televisiones, de todo el mundo.
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